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Don Giovanni de Mozart (Argumento)

Don Giovanni

Il Dissoluto punito ossia Il Don Giovanni con música de Wolfgang Gottlieb Mozart (1756 1791) y libreto de Lorenzo da Ponte fue un encargo de Bondini, jefe de la compañía del Teatro Nacional de Praga. El estreno tuvo lugar el 29 de octubre de 1787 en el Teatro Nacional de Praga bajo la dirección de Mozart.

Personajes

Don Juan

Doña Ana

Don Octavio

El Comendador

Doña Elvira

Leporello

Masetto

Zerlina

Caballero Licencioso

Dama Enamorada de D. Octavio

Caballero Prometido de Doña Ana

Padre de Doña Ana

Dama Abandonada por D. Juan

Criado de D. Juan

Campesino Prometido de Zerlina

Campesina Prometida de Masetto

Barítono

Soprano

Tenor

Bajo

Soprano

Bajo

Barítono

Mezzosoprano

La acción tiene lugar en Sevilla en el siglo XVII

ACTO I. La acción se incicia en el exterior de la casa de Doña Ana. Don Juan está dentro, enmascarado y tratando de seducirla . La primera voz que se oye es la de Leporello, criado de Don Juan, que está esperando afuera y que se queja de las penalidades de su trabajo.

Aparece Don Juan, que sale apresuradamente de la casa de Doña Ana; ella va tras él, intentando descubrir la identidad de su enmascarado ofensor. Su anciano padre, el Comendador sale también de la casa y se bate con Don Juan; en el duelo, ei Comendador resulta muerto.

Don Juan y Leporello huyen: Ana y su prometido Don Octavio, descubren el cadáver del Comendador. Antes de salir de escena, Doña Ana hace jurar a Don Octavio que vengará la muerte del anciano.

Don Juan y Leporello están en una calle cuando aparece una mujer cantando sobre un amante que la ha abandonado. Don Juan determina “consolarla”, pero al acercarse a ella descubre que es Doña Elvira, de Burgos, a la que él, precisamente, abandonó. Escapa de allí y deja a Leporello el cruel trabajo de obligar a Elvira a escuchar la lista de las conquistas de Don Juan: “Madamina, el catálogo” (“Señorita, la lista”).

Ahora la escena es en una aldea cercana. Dos campesinos, Masetto y Zerlina, van a casarse. Llega Don Juan y encarga a Leporetto la tarea de echar de alli a Masetto; pronto encuentra fácil deslumbrar a Zerlina con aristocrático encanto: “La ci darem la mano” (“Allí nos daremos la mano”). Don Juan está a punto de llevarse a Zerlina cuando aparece Elvira, que canta una aria advirtiendo a Zerlina.

Entran Ana y Octavio: en un cuarteto, Elvira les dice que Don Juan es un bribón. mientras Don Juan les señala que está loca. Doña Ana reconoce a Don Juan por la voz y se lo dice a Octavio: “Or sai chi l’onore” (“Sabe ahora quien me robó el honor”). Solo en escena. Octavio canta el aria “Dalla sua pace” (“De su paz depende la mía”).

Ahora Don Juan, solo, canta su intención de invitar a los lugareños a una fiesta y aumentar su lista de conquistas. Se marcha de escena, y entra Masetto. ofendido con su coqueta Zerlina. Pero Zerlina consigue que se reconcilie con ella: “Batti, batti” (“Pégame, pégame”). Entra de nuevo Don Juan y los deseos de venganza de Masetto se debilitan ante la invitación a la fiesta. Octavio, Ana y Elvira, enmascarados, piensan unirse a la fiesta y atrapar a Don Juan en ella. Los tres pronuncian una corta pero profunda plegaria: “Protegga il giusto celo” (“Proteja el justo cielo”).

En la fiesta se escuchan a la vez un minueto (para los señores), una contradanza (para los lugareños) y una danza alemana (que L eporello insiste que Masetto baile con él). Don Juan intenta de nuevo conquistar a Zerlina y cuando ella grita, Leporello dice que el ofensor ha sido él. Pero la verdad es puesta de manifiesto por Octavio, Ana y Elvira, que se han quitado las máscaras.

ACTO II. Ahora Don Juan ha cambiado de objetivo: su presa es una criada de Doña Elvira. Y para lograr su propósito intercambia su traje con el de Leporello. Juega ahora otra burla cruel a Elvira, cantando bajo su balcón una apasionada serenata, en la que le dice que aún la ama; cuando baja la enamorada la recibe Leporello, disfrazado con el traje de Don Juan y cuando los dos se han marchado; éste vuelve a cantar a la criada. acompañado de mandolina: “Deh vieni alla finestra” (Ah, sal a la ventana”).

Llega Masetto con unos amigos, con el propósito de dar muerte a Don Juan. Pero Don Juan, en la oscuridad, pretende pasar por Leporello, hace marchar a los amigos de éste y le da una gran paliza. Llega después Zerlina y consuela a Masetto: “Vedrai carino” (“Ven, cariño mío”).

Elvira y el todavía disfrazado Leporello se encuentran con Zerlina y Masetto, y después con Doña Ana y Octavio; pensando que Leporello es Don Juan, los cuatro le amenazan, pero ante su sorpresa le defiende Elvira. En un sexteto, Leporello es obligado a identificarse y entonces, con una aria, se las arregla para escapar. Octavio canta de nuevo su amor por Doña Ana: “Il mio tesoro” (“Tesoro mío”) y Elvira pregona su sentimiento de haber sido traicionada “Mi tradi quell’alma ingrata” (“Aquel ingrato me traicionó”).

En un cementerio, Don Juan y Leporello contemplan la estatua del Comendador. Se oye de pronto una voz de ultratumba, la de la estatua, que recrimina su conducta a Don Juan. Leporello se llena de terror; pero Don Juan, impávido, invita audazmente a la estatua a que cene con él aquella misma noche, y la invitación es aceptada.

Doña Ana ruega a su prometido Octavio, que comprenda su dolor por la muerte del padre y acceda a aplazar la boda: “No mi dir” (“No me digas que soy cruel”).

Don Juan está cenando alegremente en su casa, mientras unos músicos amenizan la velada, y Leporello aguarda de pie según la letra de las canciones que interpretan los músicos, Don Juan tiene compañía femenina (en la mayor parte de las producciones modernas ccna solo). Aparece Elvira suplicando a Don Juan que cambie de vida, pero su petición es inútil. Cuando sale, da un espantoso grito por algo pavoroso que ha visto fuera. Y lo mismo ocurre con Leporello cuando sale a ver qué ocurre: es la estatua del Comendador, dispuesta a cumplir la invitación a cenar que le hizo Don Juan. El Comendador entra, habla a Don Juan, tratando de que se arrepienta sin conseguirlo; le da la mano y lo arrastra consigo a las llamas del infierno mientras canta un invisible coro de demonios.

Cuando entran en la estancia Doña Elvira, Doña Ana, Don Octavio, Zerlina y Masetto, todos con la idea de venganza Leporello les dice que el Comendador se les ha anticipado. Todos ahora deciden su porvenir: Elvira se marchará a un convento; Doña Ana guardará un año de luto, antes de casarse con Don Octavio: Zerlina y Masetto se marchan a cenar y Leporello buscará un nuevo amo. Todos, con alegre corazón, dicen al público que aprendan la lección que les ofrece el destino de Don Juan.

El Libreto:

http://www.geocities.com/Vienna/Choir/7652/juan/acto1.htm

19 comentarios

  1. Algunas ideas que os ayuden en vuestro trabajo:
    • En el comienzo, Leporello, el criado, se queja de su servil condición. Puedes mirar qué origina esas quejas y cuál es el sentimiento que expresan.
    • El criado nos está presentando a su amo como un ser sin escrúpulos que sólo piensa en satisfacer sus propios deseos. ¿Qué siente Leporello con relación a su patrón?
    • Doña Ana se nos presenta colérica con una única meta: la venganza. Realmente no sabemos qué pasó entre Don Juan y ella. Sólo vemos su ira y sus acusaciones. ¿Qué nos está diciendo realmente más allá de las palabras que pronuncia? Si dudas, pregúntate por que desaparece de escena cuando llega el Comendador. Acordaros que ¡siempre que sacamos un dedo……!!!!
    • A qué obedece la agitación interior de Doña Ana, más allá de lo que Don Juan le hiciera ¿?
    • Ver las semejanzas con Doña Elvira (más adelante) a la que hay que añadir cierta histeria.
    • ¿Qué diferencias ves entre los personajes femeninos de Don Giovanni y de Las Bodas de Figaro?
    • En el duelo entre el Comendador y Don Juan siente los intervalos melódicos que refuerzan la tensión del momento junto con la agitación orquestal. Déjate impactar por el trabajo de Mozart.
    • El Comendador cae mortalmente herido sobre un acorde que volverá a sonar cuando la Estatua de Piedra viene a cenar al final de la obra.
    • En el momento de la muerte Mozart no elige una música tétrica sino apacible. ¿Qué te dice eso?
    • “Y del seno palpitante, siento el alma partir” dice el Comendador al expirar…. “Ya del seno palpitante, veo el alma partir”, dice Don Juan. Escucha la meditación sobre la muerte expresada en la voz de oboes y flautas.
    • Don Octavio se muestra como “la contraparte” de Don Juan. (¿Te acuerdas que éste recurso ya lo vimos usado por Shakespeare en Romeo y Julieta?) Octavio es el que siempre piensa en lo que va a hacer pero nunca lo hace, a diferencia de Don Juan que no piensa lo que hace. Aquí puedes reflexionar sobre el equilibrio entre la razón y la emoción. La una gobierna, la otra mueve, pero en ambos protagonistas ésta relación está desequilibrada.
    Once propuesta y no hemos hecho más que empezar…
    El yogui


  2. En la primera escena de Don Giovanni se presentan unos personajes, pero ¿quiénes son los actores?
    El raciocinio interpreta el papel de Leporello,
    El deseo encarna el papel de Doña Ana y
    La sabiduría figura en el papel del Comendador.

    La razón siempre está ojo avizor, tarea ingrata la de intentar establecer la mesura cuando el deseo está presente. ¡Ojalá fuera un gentilhombre!, dice.
    Sin embargo el destino le deparó el desagradecido papel de vigilante: porque el deseo aparecerá y, aunque cada Don Giovanni aspire a su conquista, y vaya en su busca entrando incluso en sus aposentos, la razón siempre estará aguardando, pendiente.
    Cuando por fin aparece nuestro don Juan particular, un deseo enajenado y furibundo le persigue. Un deseo insatisfecho que habla por boca de doña Ana dándole a entender que o la mata (¿cómo se mata el deseo?) o lo perseguirá inexorablemente: una vez que ha entrado en sus habitaciones privadas no puede irse sin darle complacencia.
    Mientras, la razón vigilante continuará presente pero oculta para los nuevos actores que aparecen: el deseo corriendo detrás de nuestro galán y don Giovanni huyendo de él, consciente de que es su perdición.
    Quien aparece en ese momento dándole la oportunidad de ir un paso adelante es el comendador: deja el deseo y no huyas de mí. Afronta la situación conmigo.
    Sin embargo, nuestro protagonista acaba matando al conductor del taxi que le podría llevar en dirección a la madurez.
    Esta posibilidad morirá y ni siquiera lo sentirás: tan solo lo verás.


  3. -¿Ante la muerte desfallece el deseo igual que doña Ana con la muerte de su padre?

    -¿Es la venganza un instrumento para hacer revivir el deseo?


    ¿El dolor extremo mata el deseo o simplemente aparece un deseo más fuerte: estar bien, no sentir dolor…?

    -La sabiduría y el deseo forman parte de una persona. Matar al comendador deja postrada a doña Ana

    -¿Enamorados es estar exaltados, vitales, animosos por y para ese deseo?

    -La escena de la muerte del comendador es la escena en que el deseo se aprovecha del desconcierto de nuestro estado interior ( “entre centenares de sentimientos vacila mi corazón”) para tomar las riendas (muerta la Sabiduría) de la situación.


  4. ¿Podría representar el comendador el punto de inflexión en la vida de una persona para que varíe y determine su recorrido en un sentido o en otro?
    Será que el comendador te depara un momento de lucha y aunque en un primer momento no quieras, y desees huir por el miedo, puede que de esa contienda resurjas de nuevo.
    Y no será por tu destrucción, por tu muerte; será porque te ha enfrentado a ti mismo y te ha estado “pinchando” hasta que tomas las riendas de la reyerta y encaras la situación.


  5. Querido Don Juan,

    Aún no encontré tiempo para dedicarte.

    ¿Serías tan amable de esperarme un poco más, por favor? Sé que vas a ayudarme mucho, pues lo que hasta ahora conozco sobre tí me suena familiar….en alguna ocasión he sentido cosas que a ti te han ocurrido.

    Así que si quieras tener más paciencia todavía, te lo agradecería.

    Un afectuoso saludo de

    una compañera en el Camino.


  6. COMENTARIO A “DON JUAN”

    Quiero transcribir unos párrafos sobre Don Juan, extraídos del ensayo que sobre el mismo hizo el doctor (y varias cosas más) Gregorio Marañón, ya hace muchos años, y que me acordé de él al recomendarnos Paco, el trabajo sobre el mito de Don Juan. A mí me sigue pareciendo muy interesante, por eso este “comentario” hoy va así, y si a alguien le interesa, el libro se llama así: DON JUAN

    “No cabe duda que entre el antes y el ahora, el discurrir sobre D. Juan ha cambiado completamente de aspecto. Ha perdido su actualidad y el donjuanismo, que hace muchos años era un problema patético para los hombres y mujeres de entonces, hoy ha dejado casi de serlo. Representaba D. Juan todavía, una reacción peculiar y llamativa a veces heroica, del varón ante la organización de la vida sexual. Y hoy esta organización es totalmente distinta. Distinta, pero no nueva, porque el mismo momento de hoy lo han vivido otras veces los hombres, y ha coincidido también con el eclipse de Don Juan en la preocupación de los pensadores y de las gentes de la calle. La modalidad actual de las formas sociales del amor humano consiste en una libertad ilimitada para los temas amorosos, entonces ¿Qué tiene que hacer entre nosotros Don Juan? Don Juan era el símbolo del conquistador de mujeres. (Él mismo en la obra de Tirso de Molina se define como un hombre sin nombre; es decir, un sexo, y no un individuo). Un símbolo falso, como otros muchos símbolos. Pero, sea falso o verdadero, ha representado una realidad: todo el juego teatral, aventurero y romántico que suponía la seducción de la mujer. Hoy, ese juego se ha hecho innecesario. Sin embargo, sería exagerado decir que Don Juan ha pasado definitivamente a la historia. Su actualidad volverá a florecer. Las actitudes del hombre frente al amor son siempre las mismas y oscilan como un péndulo entre dos gestos extremos que invariablemente se repiten: o el amor se conquista y se sublima, o el amor se regala y se profana. Estamos ahora en la fase del amor regalado. Don Juan apenas tiene razón de existir. Mas nadie puede asegurar que, algún día, vuelva otra vez a sonar su hora. “


  7. Don Juan, Don Juan…. Que cortos de vista nos haces aparecer. Que si burlador de mujeres, que si “pendenciero” y vividor, que si persona indigna de confianza y bla y bla y bla. Me pregunto cuándo te miro si eres víctima o verdugo.
    Pienso ahora en tu madre. ¿No serán tus ansias de conquistas, el reflejo de una carencia? ¿No buscarás en ellas el amor no recibido en tu infancia? ¿Ese ansia de abrazos de mujer, no muestra los que no te dieron cuando eras niño? ¡Qué rápido juzgamos sin comprender! ¡qué fácil sacar el hacha!
    Tal vez tu historia nos alerta de esa aberración de tener hijos cuando aún no somos capaces de cuidar de nosotros mismos. Ser madre es algo más que parir. Una madre no es solo un agujero por el que venimos al mundo. Es el “recipiente” que nos contiene en la infancia cuando estamos indefensos, que nos nutre, y no sólo del cuerpo, el corazón y el alma también. Es el referente que encontramos en nuestro punto de partida en esta vida. Es la que nos ayuda a desprendernos de ella cuando ya nos hacemos mayores. ¿¿Dónde están esas madres? Este mundo está lleno de Don Juanes y Doña Juanas; adultos con profundas carencias de amor infantil. Personas “descentradas” por no encontrar en su llegada al mundo una persona madura (la madre) que cumpla verdaderamente su función.
    Hay una gran responsabilidad en eso de ser madre. Debiéramos pensarlo varias veces antes de traer al mundo “inválidos psicológicos y emocionales” por nuestra incapacidad, insensatez o dejadez.


  8. Don Juan, ahora pienso en tu padre.
    En tu vida se ve que no te enseñaron a respetar limites. No tuviste un referente que te orientara en ese sentido. Limites, espacio vital, responsabilidad, etc, cuantas cosas puede enseñar un padre que asume su función. Me da que el tuyo, como en la mayoría de los casos, era incapaz de gobernar su propio mundo, ¿qué te va a enseñar a ti?
    Corremos para ser padres cuando aún no hemos sabido ser hijos, cuando aún no somos personas (autónomos e interdependientes). Cuando aún no nos valemos por nosotros mismos y ya queremos ocuparnos de la vida de otros (los hijos). Cuántos de nuestros miedos, represiones y paranoias metemos en la cabeza de los críos y llamamos a eso educación. Ser padre va más lejos que dejar un poquito de “salsa” para fecundar un ovulo. Hay una tremenda responsabilidad en ello. Antes de hacer de tu hijo una carga, piénsatelo varias veces.
    Don Juan, ¿Quién era tu padre?


  9. Ahora pienso en tus educadores. Seguro que en la escuela te enseñaron muchas cosas, matemáticas, geografía, etc. Todas ellas importantes y respetables. Pero…
    • ¿Te enseñaron a comprender tus sentimientos?
    • ¿Te enseñaron a nombrarlos y darles la respuesta apropiada?
    • ¿Te enseñaron a vivir y a integrar el deseo?
    • ¿Te enseñaron a vivir tu sexualidad?
    • ¿Te enseñaron a relacionarte de forma sana con tu cuerpo?
    • ¿Te mostraron cómo encauzar tu vida desde la escucha y comprensión de tu mundo interior?
    • ¿Te enseñaron a vivir el miedo?
    • ¿Te hablaron de la soledad?
    • ¿Te enseñaron acerca de la muerte?
    • Etc… etc… etc…

    ¿¿¿¿QUE MIERDA DE EDUCACIÓN RECIVISTE??????

    Si te consuela te diré que los demás estamos en el mismo caso. Nada de lo que vamos a necesitar de verdad en nuestra vida emocional, afectiva; nada de lo que vamos a necesitar en nuestra vida de relaciones; nada de nada de nada nos lo enseñan en la escuela.
    Los seres humanos somos grandes improvisadores. Hacemos lo que podemos con la formación que nos han dado. Merecemos una medalla, pues es difícil, con tan poca cosa, el tan sólo sobrevivir.


  10. Ahora pienso en los curas. Responsables de tu formación espiritual.
    ¿Alguna vez se ocuparon de escuchar y comprender tus necesidades espirituales, o simplemente se limitaron a meterte en la cabeza un conjunto de normas aunque no tuvieran que ver contigo?
    ¿Atendieron tu necesidad de Dios, o te vendieron el suyo?
    ¿Qué herramientas te proporcionaron para comprender y vivir “TÚ” espiritualidad y crecer desde ella?
    ¿Te mostraron el camino hacia el corazón dónde puedes realizar el Encuentro, o te dijeron que si no ibas a misa ibas al infierno?
    ¿Te ayudaron a encauzar o te llenaron de miedos?
    ¿Tenían vida alguna de Dios para poder mostrarla o solo vivían de ideas?
    ¿Cómo se puede esperar de ti una vida digna cuando los que debieran haberte enseñado a tenerla no saben ni lo que es?


  11. Antes de que saquemos dedos acusadores sobre Don Juan, debiéramos, en honestidad, hacer limpieza y revisión de nuestra vida y sociedad. Abandonar la hipocresía, la doble moral, el cinismo, la mediocridad y el ridículo en el que vivimos y asumir de verdad que podemos ser mejores y estar mejor y eso, hemos de construirlo desde unos valores nuevos y válidos. Si hacemos lo que siempre hicimos, obtendremos lo que siempre obtuvimos.
    Don Juan es un espejo que muestra mucho más de lo que queremos ver.
    Mucho más……


  12. Me pregunto como conocería Don Octavio a Doña Ana y cuánto tiempo llevará prometido a ella.
    Cuando era pequeña uno de los vecinos de mi calle, un músico de la banda municipal que rondaba la cincuentena, rompió con su novia, con la que mantenía una relación desde hacía diecisiete años.
    Era Doña Octavia: siempre solícita, en una relación de novios que no iba a más: quedaban regularmente pero de principio a fin cada uno vivía en su casa y no se daba ningún otro paso, no se hacía ningún progreso: era un vínculo estancado.
    Y sin embargo era obvio que la novia quería más: estaba a la espera de ese paso que no se daba: de casarse, de vivir juntos…
    Imaginaros la frustración que le sobrevino en la ruptura: tanto tiempo aguardando con la esperanza de que finalmente llegaría el día en que se casarían y, no solo finaliza la relación sino que al cabo de un brevísimo periodo después de la ruptura se casa con otra mujer.
    Aunque ella tiempo después se recuperó, conoció a alguien y se casó, en ese momento cayó en una depresión.
    Y yo me pregunto ¿qué le hizo pasar de estar con alguien a estar “al servicio” de alguien?
    En qué momento fue a la cómoda de su cuarto interior, abrió el cajón cogió uno de los pañuelos de tela más gruesa y se tapó los ojos.
    ¿Se preguntaría en algún momento si aquello funcionaba y era lo que ella quería?
    ¿Por qué continúa Don Octavio con Doña Ana y por qué continúa Doña Ana con Don Octavio?


  13. Seguro que me entendéis: en mi posición ¿quién no actuaría como lo he hecho yo?
    ¿Qué tipo de caballero soy si cuándo mi inocente palomita viene a mi porque esa despreciable alimaña se ha aprovechado de ella no la protejo y hago valer sus derechos?
    No, no… Yo no sería Don Octavio sería una rata, un cobarde miserable por permitirlo: incluso un descastado; porque al fin y al cabo, es mi prometida y la misma determinación tendría que tomar con el resto de mis allegados.

    En estas situaciones es cuando debemos ser claros y conscientes de cual es nuestro deber: cualquier circunstancia en la que algo o alguien lastime e injurie a cualquiera de los que están próximos a mi, se enfrenta conmigo.
    Hablo como hombre de bien, como noble al que se le atribuyen unas características intrínsecas como son la fidelidad, la lealtad….

    Bla, bla , bla ,blaaaaaa.
    Lo único que le puedo decir a Don Octavio en este momento es: ¡ ojalá el espíritu del Comendador se te presente y te dé una patada en el culo a ti primero y a Doña Ana después!


  14. Quizá el personaje de D. JUAN ha sobrevivido a los tiempos no sólo porque sea símbolo de un seductor, sino porque con su actitud de seductor que desprecia lo humano y lo divino, refleja gran cantidad de sentimientos humanos.

    En el Burlador de Sevilla, de T. de Molina, D. Juan se define a sí mismo como un “hombre sin nombre”. Gregorio Marañón lo reduce a un simple individuo buscador de lo sexual, pero creo que Tenorio al definirse así quiere dejar constancia de que se considera simplemente un hombre humano, sin más connotaciones ni transcendencias que, como persona , el hombre pudiera lleva implícitas; para él, solamente, dos y dos son cuatro y cuatro y cuatro son ocho. D. Juan vive el tiempo presente; cuando su criado le reprocha su actitud y le recuerda la posible muerta cercana, siempre le dice”largo me lo fíais” llevado de su soberbia que le hace creer que siempre saldrá impune. Se considera caballero con honor y valiente, y al final de su vida lo demuestra enfrentándose al Comendador muerto; incluso en Moliére dice al final: “no; nadie podrá decir que tuve la cobardía de arrepentirme” pero su valentía puede también resultar dudosa. Siempre huye, sin enfrentarse a las consecuencias de sus acciones y en su falta de respeto por todo, cae también en la injusticia cometida contra un inocente. En el Burlador de Tirso, él y su tío Pedro Tenorio no dudan en inculpar a otro y llevarle al destierro con tal de salvarse ellos. D. Juan arrasa con todo lo que se le presenta al paso; D. Gonzalo, el Comendador, le recuerda, que aunque no llegó a burlar a Dª Ana, sólo con la intención basta; miente a su padre; traiciona la amistad de su amigo el Marqués de la Mota; se aprovecha de la ingenuidad y del temor de personas en condiciones culturales y sociales más inferiores a él. Sabe cómo engañar según la condición social de la persona a la que pretender hacer blanco de sus burlas. Actitudes que desembocan en el asesinato, en defensa propia, pero asesinato causado por sus despropósitos. Y, como castigo divino, o ley de causa y efecto, o reacción a la acción , o lo que sea, muere a manos del espectro de la persona que él ha matado. En Tirso de Molina y en Molière, D. Juan, no tiene salvación; si bien, en el Burlador, D. Juan, llama a un confesor, en el D. Juan de Moliére, sigue cerrado a unas posibles connotaciones religiosas. Pero el Comendador, le recuerda que es tarde para llamar a un confesor, y le dice: “la obstinación en el pecado acarrea una muerte funesta y el perdón del Cielo, cuando es rechazado, provoca el rayo fulminador de su justicia: esta es justicia de Dios: quien tal hace, que tal pague ”.


  15. Parece que en las obras de D. Juan, a través de los tiempos su final se va “suavizando”. En Tirso de Molina tiene una condena implacable, aunque pida un confesor. Más tarde Moliére le condena, pero antes, Dª Elvira le suplica que se arrepienta, lo mismo que su criado Sganarelle. En el de Zorrilla sabemos que se salva por la intercesión de su enamorada Dª Inés y en el ensayo que Gregorio Marañón hizo sobre este personaje termina indultándole; pero ¿hasta qué punto D. Juan es inocente? Quizá una condena como la de Tirso y Molière sería excesiva, pero ¿no será verdad eso que dijo el Comendador: quien la hace, la paga?


  16. La figura del COMENDADOR representa la Ley, la responsabilidad; representa a un padre firme y resolutivo, (los padres de Molière y Tirso, aparecen un poco pusilánimes); representa todo aquello que D. Juan rechaza y quizá por eso es el personaje al que en la obra le dan muerte; no queremos que nadie nos hable de responsabilidades, de evolución y crecimiento y por eso matamos las voces que nos hablan de ello. Esta figura del Comendador quizá represente la antítesis de D. Juan cuando éste va a guiarle hasta la puerta con una luz y D. Gonzalo le responde: No alumbres, que en gracia estoy.


  17. Hay toda una gama de PERSONAJES FEMENINOS en las obras y la mayor parte de ellas sólo buscan que D. Juan cumpla lo prometido o buscan venganza. Sólo Dª Inés y Dª Elvira le instan al arrepentimiento y le perdonan, sinceramente. Dª Isabela, calla, y se convierte en cómplice de una injusticia “al dejar que le echen el muerto a otro”, por el que deja claro no tenía verdadero amor. Quiere venganza y reparar su honor. Tisbea se enamora de D. Juan, pero también sabe de antemano, que éste es de alta alcurnia y le puede mover el interés. Arminta cede a los halagos y engaños por su posición social sometida a los de “arriba”. Carlota y Maturina representan la ingenuidad y la vanidad, creyéndose todo lo que les dice el seductor. Sólo Dª Ana hace frente a D. Juan; no sucumbe a su engaño, pues su amor por el Marqués de la Mota es posiblemente más auténtico y quiere casarse con él; o quizá huya de la autoridad de un padre, pero eso sería solamente cambiar el sometimiento al mando de un padre al de un marido, por eso le concedemos la duda de que su amor sea verdadero. Dª Elvira, en Molière, se da cuenta de su necedad y reflexiona consigo misma sobre las razones que la llevaron a su ternura con Tenorio, cómo quiso engañarse a sí misma y desmentir su discernimiento. Su rabia le lleva a decir a Tenorio: si no temes a Dios, teme la cólera de una mujer ofendida, aunque al final le perdone y Dª Inés, se vuelca en sus sentimientos religiosos y se convierte en el prototipo de la mujer salvadora por el Amor. Pero todas ceden ante su D. Juan, sea Tenorio o sea otro D. Juan; a todas ellas les une algo en común: la debilidad humana, si por debilidad entendemos el dejarse llevar por sus deseos y sus sentimientos, con sus luces y sus sombras.


  18. Personaje interesante es SGANARELLE, criado de Tenorio. Con una sabiduría mayor que su amo, desprecia a éste y le aconseja con sabias recomendaciones; Molière le hace discurrir más en profundas reflexiones, que Tirso a Catalinon, que si también es más sosegado que su amo, sus consejos se quedan más superficiales en el temor de encontrar la muerte por culpa de su dueño. Pero los dos se ven abocados a obedecer y estar sumisos al dueño y señor, por su condición social, yendo en contra de sus convicciones. Sganarelle se atreve a comentar con relación a su amo: “mi señor, el mayor desalmado que pueda existir, un diablo, pero tengo que serle fiel, pese a mi repugnancia; el temor pone freno a mis sentimientos y me obliga a aplaudir lo que en el fondo detesto.” ¿No es verdad que todos en alguna ocasión, por temor a alguna consecuencia hemos aplaudido lo que en el fondo detestamos.?


  19. Para terminar el paseo por la leyenda de D. Juan, hay un personaje en Molière, que aunque, su aparición es breve, me ha llamado la atención. PERICO es de clase pobre, pero su mérito es que siendo plebeyo se enfrenta a un caballero, D. Juan, cuando éste corteja a su novia. No le permite que se burle de ellos, y le hace frente con valentía, pero con prudencia, y sólo le ataca verbalmente, sabedor que el otro dispone de armas y fuerzas que él no tiene. Perico se enfrenta a D. Juan, (aunque sólo sea de palabra), como el Comendador, lo que quizá simbolice que las valores humanos no entienden de clases sociales, sino sólo de personas. Ojala que como ellos sepamos enfrentarnos a las situaciones “donjuanescas de todo tipo” que la vida nos presenta.



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