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Las Bodas de Figaro de Mozart (Argumento)

Las Bodas de Fígaro (Mozart)

 

Con “Las bodas de Fígaro” Mozart dio comienzo a una muy afortunada colaboración de parte del abate italiano Lorenzo da Ponte, quien habría de elaborar también los libretos de otras óperas mozartianas igualmente grandiosas: “Don Giovanni” y “Cosi fan tutte”.

El rompimiento de Mozart con el arzobispo de Salzburgo, en junio de 1781, había dejado al compositor liberado de sus compromisos con la corte, ahora comandada por el Emperador José II, y lo situaba en una nueva condición de músico independiente.

A poco de haber estrenado “El rapto en el serrallo” en 1782, Mozart conoció a Lorenzo da Ponte, recién llegado a Viena, y dado que éste venía con las mejores recomendaciones como libretista, recibió del compositor la proposición de escribir los textos para una nueva ópera italiana, inspirada en la pieza teatral “Las bodas de Fígaro” de Agustín Caron de Beaumarchais, continuación de “El barbero de Sevilla”, obra que serviría de base de las óperas homónimas de Giovanni Paisiello, en 1783, y Gioacchino Rossini, en 1816.

“Las bodas de Fígaro” era una obra ya conocida y famosa en Europa. Su tratamiento de marcada alusión política y social desataba todo tipo de discusiones y polémicas, a tal punto de estar prohibida en algunas importantes ciudades. Sólo el afán liberal que pretendía imponer José II hizo que en Viena la pieza no encontrara trabas para ser representada.

Lorenzo Da Ponte ideó sobre ella un libreto más blando en su carácter crítico y reforzó, en cambio, las situaciones de intriga y comicidad.

Mozart habría trabajado no más de seis semanas en la partitura, entre octubre y noviembre de 1785, teniendo la ópera “Las bodas de Fígaro” su estreno en Viena, el 1° de mayo de 1786.

Dada su condición de ópera social, una camarilla influyente casi impidió dicho estreno, llegándose incluso a sobornar a algunos de los cantantes para que obstaculizaran la representación.

No obstante los problemas, “Las bodas de Fígaro” fue aplaudida desde sus primeros días, tanto así que en la jornada de estreno varios de su trozos tuvieron que ser repetidos, prolongando en más de dos horas adicionales la puesta en escena de la ya extensa ópera.

Para fijar un lazo de unión entre “El barbero de Sevilla” y “Las bodas de Fígaro”, valga consignar que en la primera Fígaro es el barbero, “el factotum” que burla a Don Bartolo, el severo guardián de Rosina y quien facilita el camino para que el Conde de Almaviva consiga casarse con ella.

Ha pasado el tiempo y en “Las bodas de Fígaro” Rosina se ha convertido en la Condesa de Almaviva y Fígaro es el criado oficial del Conde. Fígaro y Susana, criada de la Condesa Rosina, son ahora novios y van a casarse.

Con menos protagonismo, aparecen también en “las bodas de Fígaro” Don Bartolo, doctor al servicio del Conde, y Don Basilio, el intrigante maestro de música. Aumenta su protagonismo, en cambio, la criada Marcelina.

La trama de la ópera gira ahora en torno a la atracción que Susana ejerce sobre el Conde de Almaviva. El libreto hace referencia concreta a la antigua y tradicional costumbre según la cual el señor feudal tenía derecho de posesión carnal sobre la sirvienta que iba a contraer matrimonio, antes de que éste se realizara. Tal derecho ya había sido abolido en los dominios del Conde, pero éste quiere conseguir a Susana a toda costa, lo que por ley ya le estaba negado.

 

ARGUMENTO

En cuatro actos, “Las bodas de Fígaro” se desarrolla en el palacio que el Conde de Almaviva posee en la localidad de Aguas Frescas, cerca de Sevilla, en España.

Acto primero

Una habitación en el palacio del conde. Fígaro y Susana están planeando su próxima boda y tomando medidas del cuarto que juntos ocuparán en el palacio.

Como ella se lamenta de que el Conde la molesta con sus galanteos y requerimientos amorosos, Fígaro la tranquiliza asegurándole que eso no se repetirá, pues el Conde ha prometido no engañar más a su esposa.

Los interrumpe la vieja ama de llaves Marcelina, afirmando que alguna vez Fígaro le dio la palabra de matrimonio y exige ahora que éste cumpla su compromiso. Como testigo del hecho trae al doctor Bartolo, quien certifica el embuste para vengarse de un antiguo agravio que Fígaro le infirió.

Mientras Susana y Marcelina discuten acaloradamente, aparece el paje Querubino, que ronda el palacio por estar enamorado de la doncella Barbarina, e interviniendo en la disputa trata de defender a Susana.

La súbita llegada del Conde interrumpe la contienda, obligando a paje a esconderse detrás de un sillón.

Pero al entrar más gente en la sala el Conde también debe esconderse, haciéndolo precisamente en el mismo sillón en que se encuentra Querubino.

El Conde se refugia debajo del mueble, cubierto por un vestido que Susana extiende para disimularlo.

Al fin, ambos son descubiertos y el Conde arroja airadamente al tímido paje de su casa, obligándolo a reclutarse en el ejército.

Acto segundo

Alcoba de Rosina, Condesa de Almaviva. Esta deplora las continuas infidelidades de su esposo. Decidiendo atraparlo in fraganti, trama una farsa que ha de servirle de escarmiento y lección, ayudada por su sirvienta Susana.

Ambas introducen en la habitación al paje Querubino y comienzan el juego disfrazándolo de mujer, acción a la que el dócil muchacho no pone reparos, pues lo único que le interesa es estar cerca de su amada Barbarina, que habita el palacio con su padre, el jardinero Antonio.

La inoportuna llamada del Conde, que pide permiso para penetrar en la alcoba de su esposa, obliga al paje a saltar por la ventana a medio vestirse con los atuendos femeninos.

Seguidamente aparece el jardinero Antonio trayendo una carta que ha encontrado extraviada entre las plantas del jardín. Se trata de una carta amorosa, y mientras Fígaro no duda que es del Conde dirigida a Susana, el desconfiado Almaviva deja adivinar que bien puede ser de un enamorado de la Condesa Rosina, que no se atreve a decir su nombre.

Fígaro defiende a su patrona con firmeza y se defiende a la vez él mismo de una posible sospecha, cuando entra Marcelina e insiste sobre la promesa de matrimonio que se le hizo y espera hacer cumplir.

Entonces el Conde decide actuar para sacar ventaja y aplaza la boda de Susana con su prometido Fígaro hasta que se aclare la confusa situación.

Acto tercero

Salón del Palacio del Conde de Almaviva. El Conde intenta poseer a Susana con la amenaza de que, si no accede a sus pretensiones amorosas, obligará a Fígaro a casarse con la vieja Marcelina.

Al fin, la astuta sirvienta, fingiendo condescender, le cita para aquella noche en el jardín.

Pero por un enredo que arma el ladino Fígaro, en el que interviene el maestro de música Don Basilio, llega a comprobarse que Marcelina es la propia madre de Fígaro, por lo que no puede aceptar a éste como marido, quedando así la vieja y su cómplice, el Doctor Bartola, en un tremendo ridículo.

En tanto la Condesa Rosina y Susana han decidido poner en práctica la farsa que habían ideado para castigar la ligereza de los infieles. Cada una de ellas viste con la ropa de la otra, quedando así convertidas la señora en criada y la criada en señora. Ya cada una como la otra, se encaminan hacia el jardín, donde habrán de encontrarse con sus pretendientes.

Acto cuarto

Jardín del Palacio del Conde de Almaviva. Es una hermosa noche de primavera, en que la luna alumbra lo justo para distinguir personas pero sin permitir revelar su identidad.

Mientras Susana aguarda al Conde la Condesa Rosina se esconde en otra parte del jardín.

Aparece el paje Cherubino y, creyendo que la condesa es Barbarina, las besa apasionadamente.

Los sorprende el Conde y confundiendo a su esposa con Susana, porque antes de pertenecerle está en brazos de otro hombre. Aparecen luego Fígaro y la verdadera Barbarina, quienes, cada uno por su parte, estaban también citados a la misma hora en el jardín.

Se produce así en tremendo enredo de identidades que amenaza con acabar muy mal. Pero la Condesa y Susana deciden poner fin al juego y acreditar sus respectivas personalidades

El Conde de Almaviva acepta la lección que tan acertadamente se le ha dado y promete a su esposa renunciar para siempre a sus andanzas y devaneos amorosos.

Seguidamente, para demostrar que no guardará ningún rencor ni ha experimentado el menor enojo, invita a una gran fiesta a Fígaro con Susana y a Querubino con Barbarina, en la que se celebrarán bodas por partida doble.

 

LIBRETO

El libreto bilingüe se encuentra en:

http://www.geocities.com/Vienna/Choir/7652/figaro/acto1.htm

 

 

6 comentarios

  1. En el primer acto, Fígaro está absorto en su tarea de tomar medidas, sin desconcentrarse con las llamadas de Susana. En un principio me pareció admirable tamaña capacidad de concentración, no cediendo a las provocaciones de su amada; luego se me ocurrió que tal vez se estaba centrando excesivamente en su tarea, concentrando en ella todos sus sentidos, y aislándose así de su alrededor, perdiendo contacto con el instante presente.

    Se muestra como un hombre sereno. Susana le cuenta su preocupación ante las excesivas atenciones que recibe del Conde, pero Fígaro no pierde la calma; en lugar de dejarse llevar por la rabia al ver que “su terreno está siendo invadido”, tiene el suficiente control de si mismo, o sabiduría, para responder a los embates del Conde con sus mismas armas: con juegos, rodeos, sutilezas,… es decir, sin ir de frente.

    Intento descubrir por qué Susana le cuenta a fígaro las intenciones del Conde. Aunque el derecho de posesión carnal sobre las sirvientas casaderas hubiera ya sido abolido en tierras del Conde, seguro que estaba aún presente en la mentalidad del pueblo, y aunque sabido injusto, se aceptaba de alguna manera como tradición.
    Me pongo en su lugar, y pienso que yo quizá ocultaría que el conde me pretende, a fin de no inquietar a mi amado y provocar una disputa que estropease la felicidad de una boda, e intentaría por mis medios zafarme de tal contratiempo.
    ¿Tal vez Susana se lo cuenta a Fígaro para llamar su atención? ¿Para recordarle que vale tanto como para que un conde se fije en ella, y hacerle ver que si no espabila y pasa a la acción (mostrarle cariño, prestarle atención) otro hombre lo hará por él?


  2. Sigo dándole vueltas al coco, reflexionando acerca de las razones de Susana.

    Y tengo dos ideas al respecto:

    *La primera es la ya referida, que lo hace para llamar la atención de Fígaro, por sentirse desatendida, con falta de afecto de su amado.

    *La segunda opción que barajo está inspirada en la forma tan cariñosa que percibí en las maneras de los enamorados; sentí que se trataban con mucha suavidad y amor, por ejemplo cuando Susana, en lugar de entrar directamente al delicado asunto del Conde, comienza con “cariño, mira que bonito arreglé el sombrero…”, para ir poco a poco introduciendo el escabroso tema principal del abuso.

    O cuando Fígaro, al saberlo, no estalla en furia u otro sentimiento desmedido, sino que cavila para buscar una solución que libre a Susana del trance, tratándola siempre a ella con amorosa suavidad.


  3. Tal vez Susana podría haber ocultado a Fígaro las intenciones del conde y haber intentado ella misma solucionarlo, con el fin de evitar disgustarlo.
    Pero en ese caso ¿qué sentiría Fígaro si se enterase?
    Creo que podría sentirse traicionado.
    Podría pensar que su esposa no ha confiado lo suficiente en él como para contarle una situación que, además, atañe a ambos; ya que es una circunstancia que les afecta como pareja.
    Por crudo que pueda ser un determinado trance esa confianza proporcionará a la unión: seguridad, empuje, intimidad, vigor, franqueza y determinación: el suficiente peso para que ese vínculo no se convierta en un barco a la deriva.


  4. Estoy de acuerdo con Susana: su tocaya es tan valiosa que no solo la pretende Fígaro, también el señor de la casa.
    Indicándole, asimismo, que la dote de su esposa: todo lo que con ella viene: “no se lo dan por su cara bonita” como dice ella misma.

    Al preguntar a Fígaro y enterarse del por qué del afán en tomar medidas que tiene éste, diligentemente le pone en situación: atento porque si te descuidas será el conde quien va a disponer de tu esposa
    Tan satisfecho de la comodidad de la habitación, pero ¿comodidad para quién? ¿Para satisfacer sus necesidades, las necesidades de ellos como pareja?
    No, para dispersarse complaciendo lo externo. Estando atento, pero en prestar servidumbre a lo superfluo (a los demás: en este caso conde y condesa); alejándose de él mismo (como le dice Susana: “a tres millas lejos de aquí”) y por ello, conduciéndole a su propio abandono.
    Susana le proporciona el darse cuenta.
    Tal vez esa situación es cómoda para él, porque es la manera de vivir a la que está acostumbrado (a ese tipo de servidumbre).
    La vida le proporciona este trance, en el que se da la tesitura de que si quiere salvar su relación con Susana tendrá que abandonar esa confortable habitación.
    Lo primero que le va a pedir su compañera es que ESCUCHE, pero lo siguiente que le va a requerir a continuación es que CONFIE en ella si desea que le muestre el resto (“disipa las sospechas”…) ¿y qué es lo que se necesita llegados a este punto?
    Pues VALOR y JUICIO, tal como se solicitan el uno al otro.

    Es en este estado en el que Fígaro empieza a “comprender”y a “ver claro”, como nos cuenta él mismo.


  5. SUSANA. FÍGARO. Maestro. Aprendiz. Sabiduría. Ignorancia. A simple vista confunden. Susana, superficial, presumida, se mira al espejo. Fígaro, serio, responsable, centrado en lo que está haciendo. Susana lo llama, le pide que mire su sombrero; él, calcula medidas. Avanza la escena, el diálogo se profundiza; Susana ya parece la “lista” y Fígaro que está en “Babia”. El espectador que sólo contempla la obra se queda con esto. Otro espectador sentado a su lado y que es capaz de ver más allá, le dice que se fije: La sabiduría está llamando –llama, llama, llama- a la ignorancia para que deje de ser ignorante, para que abra los ojos:”Mira mi sombrero nuevo, mira qué bien me queda”, pero la ignorancia no mira, no le interesa la vanalidad de un sombrero y sin embargo pareciera que la sabiduría se disfraza de ligereza para llamar la atención del ignorante; es posible que si se mostrara tal como es desde un principio, asuste a Fígaro y éste corra en dirección contraria. El espectador que “ve” le dice al que “no ve” que se fije de nuevo cómo Susana, que sabe, que ve lo que ocurre a su alrededor, va “informando” a Fígaro de lo que ella “sabe”. Pero puede que a Fígaro no le guste lo que va a oír, lo que tiene que saber. ¿Qué decisión tomar? ¿Tapar los oídos y quedar en la comodidad del “no saber” o escuchar a “la sabiduría” que va a compartir su vida, que va a introducirle en otro mundo menos cómodo, pero más pleno?. Si acepta el compartir su vida con la sabiduría debe partir desde un punto en el que no haya engaños, situaciones ocultas; la transparencia en las relaciones (en cualquier clase de relación) debe estar presente si se quiere caminar en la confianza de que lo que se está construyendo no está asentado sobre el pilar del engaño; para entrar en el camino de la sabiduría, el engaño a uno mismo sobra; la actitud del avestruz sobra; hay que tener presente a todo lo que te enfrentas; por eso, Susana, sabia, le dice a Fígaro “que está en Babia”: “Debes saber que el Conde………debes saber que tienes que abrir los ojos y cuando los abras, sabrás que tienes que ponerte en movimiento.”


  6. Mozart y Daponte realizan un retrato bastante revelador en este primer acto de la mayoría de los personajes.
    Me parece interesante las diferentes manifestaciones de deseo que utilizan; así el Conde nos muestra el deseo egoísta y calculado frente al deseo en su estado más primigenio y natural, ingénuo y sin control que representa Querubino.
    Marcelina y Bartolo nos muestran el deseo de venganza, mientras en la primera ésta se origina en el rechazo en el segundo está más fundamentado en el recor.
    Basilio aparece esbozado como un ser movido por el interés y la bajeza.
    Fígaro se nos muestra como un personaje complejo, por un lado parece integrado en su mundo y sus estructuras y al mismo tiempo nos muestra una capacidad de cambio y de evolución que en su época supondrá una importante revolución social, que Mozart nos retrata en una evolución personal con capacidad de aprender, enfrentarse a las circunstancias y superarlas.
    Susana también es un personaje interesante, se nos muestra como una visión mas amplia de las circunstancias, no tan ensimismada por lo inmediato y que parece ver más allá de las apariencias. También me parece interesante que sea quien desvela, indica, sugiere, detona… cumpliendo así con un papel de verdaderos protagonistas que las mujeres han desarrollado a lo largo de la historia (tras un gran hombre hay siempre una gran mujer…) como si fueran el nexo necesario para poder “ver” o darse cuenta en toda su dimensión.



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