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Nabucco de Verdi (Argumento)

ARGUMENTO

“Nabucco” se desarrolla en cuatro actos, emplazados en las ciudades de Jerusalén y Babilonia el año 566 antes de Cristo.

Acto primero – ”Jerusalén”

Hebreos y levitas se lamentan por la dura derrota sufrida frente las fuerzas de Nabucco, rey de Babilonia.

Llega Zaccaría, sumo sacerdote judío, junto a Fenena, hija del soberano invasor, a quien éste trae consigo en calidad de rehén, esperando con tal acto negociar el retiro de Jerusalén de los babilonios.

Llega también Ismael, sobrino del Rey de Jerusalen, avisando que las tropas enemigas se acercan ya a la ciudad. Zaccaría ruega a Jehová que las disperse antes de que esa embestida pueda concretarse.

El sumo sacerdote se retira y deja a Fenena bajo el cuidado de Ismael, sin saber que los jóvenes mantienen una secreta relación amorosa.

Más allá del cariño que siente por Fenena, Ismael considera que es su obligación permitirle escapar de Jerusalen, como una forma de retribuir el apoyo que ella le brindara cuando él estuvo preso en Babilonia.

Justo cuando Ismael le comunica el plan de fuga a Fenena, irrumpe Abigail, supuesta hija de Nabucco junto a unos soldados.

Abigail también ésta enamorada de Ismael y le ofrece interceder ante Nabucco para la liberación de los hebreos si él corresponde a sus sentimientos, pero el joven la rechaza.

Mientras tanto, Nabucco ha entrado a la ciudad y los hebreos buscan refugio en el templo, pero el rey invasor tampoco respeta ese recinto sagrado y entra en él con aires amenazantes.

Zaccaría intenta matar a Fenena, pero la joven le es arrebatada de sus manos por Ismael.

No contento con su aplastante triunfo, Nabucco ordena mantener el saqueo del templo.

Abigail jura que hará todo lo posible por exterminar a los hebreos, mientras Zaccaria invoca la maldición divina contra aquél que ha traicionado su patria.

Acto segundo – “El impío”

Escena primera – Aposentos reales de Nabucco, en Babilonia

Por un documento que ha llegado a sus manos, Abigail se entera que no es hija de Nabucco, sino una esclava adoptada por éste. Tal descubrimiento le provoca una ira tan grande que jura vengarse de todos.

Aparece el Sumo Sacerdote de Baal, que viene a hacerle saber que Fenena ha dado orden de liberar a los prisioneres hebreos, aprovechando su calidad de subrogante mientras Nabucco se encuentra en el campo de batalla.

Con la complicidad del sacerdote, Abigail hace correr la falsa noticia de la muerte de Nabucco y decide proclamarse reina de Babilonia.

Escena segunda – Una sala en el palacio de Nabucco

Un levita acude con las tablas de la ley hasta el lugar donde se halla prisionero Zaccaría, quien reza fervorosamente ante ellas.

Poco después llega un grupo de levitas reafirmando ante el Sumo Sacerdote la acusación de traición en contra de Ismael, quien trata inútilmente de defenderse.

Una hermana de Zaccaría, rebate esa acusación señalándoles que Ismael es inocente y, además, que Fenena se la convertido a la religión hebrea.

Pero irrumpe Abigail, para exigir a Fenena que el entregue la corona. En ese momento llega Nabucco, quien luego de ceñirse la corona, se proclama no sólo Rey, sino también Dios de los hebreos.

Un rayo castiga la irreverencia, haciendo caer la corona al suelo, siendo luego Abigail la única que tiene el valor de recogerla.

Acto tercero – “La profecía”

Escena primera – Jardines colgantes de Babilonia

Nabucco ha comenzado a dar evidentes muestras de locura, situación que es aprovechada por Abigail para proclamarse como soberana absoluta.

Una de sus primeras acciones como reina es la redacción de un edicto que condena a muerte a lo hebreos.

Pero las ejecuciones no pueden llevarse a cabo sin la previa autorización de Nabucco. Aparece éste y, como una manera de rechazar la acusación de cobardía que Abigail le infiere, firma el documento pertinente.

Nabucco piensa que los afanes vengativos de la mujer quedarán invalidados cuando ésta se entere de su condición de hija adoptiva. Sin embargo, cuando éste se lo dice, Abigail hace caso omiso de sus palabras y destruye el pergamino que comprueba su verdadero origen.

Nabucco, que sabe de la conversión religiosa de Fenena, se da cuenta que su hija también está condenada a muerte y pide, sin resultados positivos, clemencia para ella a la cruel Abigail.

Escena segunda – Un paraje a orillas del río Eufrates

Cautivos y encadenados, los hebreos evocan con nostalgia a la patria perdida (Es el momento del famoso coro “Va Pensiero”)

Zaccaría se acerca y trata de consolarlos, diciéndoles que el fin de Babilonia ya se acerca.

Acto cuarto – “El ídolo destruido”

Escena primera – Sala en el palacio real de Babilonia

Trastornado por el giro que han tomado los acontecimientos, Nabucco tiene esporádicos momentos de lucidez.

En uno de éstos, escucha gritos que algunos babilonios profieren, mientras Fenena es conducida al cadalso.

Nabucco intenta salir en su ayuda, pero sólo entonces repara que se encuentra prisionero. Desesperado, cae de rodillas e invoca al dios hebreo.

Súbitamente llega un fiel oficial, acompañado de un grupo de soldados. Luego de entregarle una espada, todos salen presurosos a salvar a Fenena y recuperar la corona real para Nabucco.

Escena segunda – Altar de Baal

Todo está preparado para la ejecución de Fenena y la muchacha se apronta para morir elevando una oración a Dios.

En ese instante aparecen Nabucco y sus acompañantes. Luego de abatir al verdugo, el rey ordena destruir el templo del ídolo asirio y decreta la libertad inmediata para los hebreos, a quienes pide que en el lugar edifiquen un templo consagrado a Jehová.

Inesperadamente, Abigail se presenta en el lugar. Arrepentida de su malas acciones se ha envenenado y viene a pedir el perdón general.

Abigail cae desplomada sin vida, mientras Zaccaría corona a Nabucco como rey de los judíos. Todos elevan una alabanza de acción de gracias a Dios.

LIBRETO

El libreto bilingüe está en Nabucco

19 comentarios

  1. Para mí fue una sorpresa pues no sabía de qué iba. Sólo conocía el Coro de los Esclavos. Llega a ser un poco “pesada” sobre todo hacia el medio, pero
    después remonta y al final se convierte en un Salmo cantado, de alabanza y esperanza y abandono a Dios.
    Impresiona cómo Verdi supo sintetizar y aprovechar unos personajes históricos para convertirlos en símbolo de lo que quería expresar.
    La puesta en escena con sus escaleras, magnífica. Y en cuanto a las interpretaciones sobresale para mi gusto la del personaje de Abigail. Tenía voz e
    Interpretación. Todos eran buenos, sólo me pareció más “flojo” el tenor que interpretaba a Nabucco; parecía que le faltaba la fuerza de un rey. Sólo cuando se sentía abatido daba más crédito a su personaje. Pero es digno de admiración todo el conjunto, parece increíble que alguien pueda crear esa música.


  2. Este primer encuentro operístico nos ha dado mucho juego ofreciéndonos una amplia gama de sentimientos sobre los que poder estudiar y trabajar. El caso comentado de Abigail nos muestra, por ejemplo, un grado superlativo de dependencia, que amparándose detrás de una aparente valoración amorosa esconde una conducta enfermiza.
    El amor siempre es positivo y creativo, nunca es negativo o destructivo, pero puede ser la excusa que uno utiliza para camuflar una dependencia o adicción. En el caso que nos muestra la obra podemos ver que tras la “justificación” amorosa lo que se esconde es una manipulación y exigencia destructivas. Se puede decir que esta persona no ama; necesita, reclama, exige, depende, manipula, pero no ama.
    Verdi nos propone una buena reflexión sobre las adicciones psicológicas y la necesidad de abandonar esos “espacios” de dependencia que generan sufrimiento y destrucción.
    La respuesta al sentimiento de Abigail es darse cuenta de que siempre puede vivir sin Ismael. La enseñanza para nosotros es que siempre podemos vivir sin el otro y hay dos personas que deberían saberlo: el otro y yo. Y, cuando la persona que yo quiero, no me quiera aceptar que me lo diga y que se vaya pero no forzar nunca el estar con quien no quiere estar conmigo. Eso duele, por supuesto. Pero siempre es mejor que vivir una mentira o (lo que es peor) un juego de manipulación destructiva.
    Cuando no aceptamos la frustración y el dolor de no ser queridos, nos volvemos neuróticamente manipuladores. Intentamos hacernos necesarios para que la otra persona dependa de nosotros. Reemplazamos el deseo de ser queridos por el de ser necesitados. Si esto no funciona nos degradamos un poco más y tratamos de dar lastima. La lastima también se parece a ser querido: “¿Cómo me haces esto? No esperaba esto de ti, con todo lo que yo te he dado… me has hecho tanto daño…
    Aún podemos degradarnos más. Antes que aceptar e integrar la perdida y re-hacernos como personas autónomas, preferimos pasar del dar lastima al odio. No soportamos la indiferencia así pues si no conseguimos que nos quieran, al menos que nos odien. O que nos teman. El final de Abigail, muriendo en soledad a pesar de haber reconocido y transformado sus “debilidades”, representa ese mundo de miseria donde uno ha ido entrando por su propio pie desatendiendo sus propias necesidades y desoyendo los consejos de los amigos.
    Gracias Verdi por recordarnos la necesidad de abandonar toda dependencia. De crecer en autonomía para la interdependencia.


  3. El afamado coro de los Hebreos de la cuarta escena está inspirado en el Salmo 136:

    Junto a los canales de Babilonia
    Nos sentamos a llorar con nostalgia de Sión;
    En los sauces de sus orillas
    Colgábamos nuestras citaras.

    Allí los que nos deportaron
    Nos invitaban a cantar;
    Nuestros opresores, a divertirlos:
    “Cantarnos un cantar de Sión.”

    ¡Cómo cantar un cántico del Señor
    en tierra extranjera!
    Si me olvido de ti, Jerusalén
    Que se me paralice la mano derecha;

    Que se me pegue la lengua al paladar
    Si no me acuerdo de ti,
    Si no pongo a Jerusalén
    En la cumbre de mis alegrías.

    El salmista del coro descolgó el arpa (citará) de oro que prendía del sauce y elevó un canto de esperanza. Conectando con su sentimiento de tristeza: ¡Ay recuerdo tan grato y fatal!….y sin abandonarlo, elevó su mente y su corazón más allá del dolor: ¡Vuela pensamiento… Saluda a las orillas del Jordán… Revive en nuestros pechos… Canta un aire… que infunda virtud al partir!.

    A pesar de que se lo conozca como el Lamento de los Esclavos veo más en el texto y en la música un canto de esperanza de alguien que consciente de su dolor y desde ahí, se infunde valor para seguir adelante. Es alguien que supo interpretar su sentimiento y darle respuesta.
    En la escena quinta Zacarías dice: ¿quién llora? ¿Quién eleva lamentaciones al eterno como si fuera una mujer cobarde?. Creo que Zacarías nos representa un poco a todos cuando no sabemos escuchar, nombrar y entender los propios sentimientos y damos una respuesta inapropiada a lo que el sentimiento está demandando.


  4. Es cierto, el coro de los esclavos hebreos es un cántico de aceptación, de dolor contenido al recordar lo perdido y al mismo tiempo de “gozo” por esos recuerdos, por esa vida que forma parte de ellos como pueblo.No es un canto de sumisión o de despecho. Hay una serenidad y una fuerza interna para seguir adelante aún con el dolor.
    Verdi ha sabido transmitirnos ese sentimiento universal que nos une a todos en las adversidades y nos hace “humanos”. La interpretación que vimos, oímos y sentimoa fue magnífica, a la altura de Verdi.


  5. El afamado coro de los Hebreos de la cuarta escena está inspirado en el Salmo 136:
    Junto a los canales de Babilonia
    Nos sentamos a llorar con nostalgia de Sión;
    En los sauces de sus orillas
    Colgábamos nuestras citaras.

    Allí los que nos deportaron
    Nos invitaban a cantar;
    Nuestros opresores, a divertirlos:
    “Cantarnos un cantar de Sión.”

    ¡Cómo cantar un cántico del Señor
    en tierra extranjera!
    Si me olvido de ti, Jerusalén
    Que se me paralice la mano derecha;

    Que se me pegue la lengua al paladar
    Si no me acuerdo de ti,
    Si no pongo a Jerusalén
    En la cumbre de mis alegrías.

    Desde que sentimos la obra la semana pasada no de he dejado de pensar y recordar un pasaje que me impactó sobre manera. Es al principio del acto IV cuando el rey, viéndose prisionero entona el aria “Dio di Giuda!”.
    El reconocimiento de las propias limitaciones (está preso) y el darse cuenta de la arrogancia desde la que se vivía a sí mismo (mostrada en los actos anteriores) le postra de rodillas y le hace pedir perdón. En el momento en que termina de pronunciar las palabras: ¡Dios de los Hebreos, perdón! Se escuchan dos frases del violonchelo, contestadas por la flauta. La primera de estas frases, muy “oscura”, es contestada por el suave aleteo de la voz de la flauta, esto provoca una segunda frase del chelo mucho más luminosa, a la que vuelve a responder la flauta con una frase más larga y luminosa que da entrada al resto de instrumentos de cuerda y al rey: ¡Dio di Guida!.
    Me fascina como en ese mínimo momento musical y con tan solo dos instrumentos, Verdi deja reflejado el sentimiento de culpa y de dolor que llevan al rey a pedir perdón, como este sentimiento madura en esperanza, como nos dibuja un corazón que se abre desde el dolor hacia la humildad y como todo el conjunto de sentimientos y emociones se ponen al servicio de uno que los hará elevarse a todos: la devoción.


  6. Nabucco se estrena el día 9 de marzo de 1842.

    El 20 de junio de 1840 había fallecido su mujer, Margarita Barezzi. Poco tiempo antes habían muerto sus dos hijos, Virginia e Ilicio (sin llegar ninguno a cumplir los dos años). El 5 de septiembre de 1840 (escasos dos meses después de enterrar a su mujer) Verdi es abucheado públicamente en el teatro de la La Scala de Milán ante el fracaso de su opera (la segunda de su carrera) “Un giorno di regno” y promete no volver a escribir música nunca más. Unos meses antes habían tenido que empeñar algunas joyas para poder pagar el alquiler de la casa.
    ¿Qué sentía Verdi en 1841(a sus 28 años)? Sobre esos cimientos se construye el Nabucco. Ese corazón destrozado está en el origen del famoso coro “Va pensiero”.
    En su autobiografía, Verdi describe así el proceso creativo:

    “¡Nabuco me trotaba en la cabeza! El sueño no venía; me levante y leí el libreto, no una sino dos, tres veces, tanto que puede decirse que a la mañana siguiente yo ya sabía de memoria el libreto de Solera. Pero, con todo, no tenía ganas de cambiar de idea. Durante el día regresé al teatro y le devolví el manuscrito a Merelli. “Bello” ¿eh?, me dijo él. “Bellísimo”. “Pues bien, ponle música”. “Ni soñando… no quiero saber nada”. “Ponle música, ponle música…” Y, diciendo esto, tomó el libreto, me lo metió en el bolsillo del abrigo, me cogió por los hombros y, de un empujón, me sacó del camerino, cerrándome la puerta con llave en la cara. Regresé a casa con el Nabucco en el bolsillo: un día, un verso; otro día, otro verso; una vez, una nota; otra vez, una frase… y poco a poco la opera estuvo compuesta. Era el otoño de 1841”.

    Tres años antes, en el mismo teatro de la Scala, Verdi había visto junto a Margarita un Ballet titulado Nabucodonosor.
    Entre las primeras obras del compositor figura una titulada “Lamentaciones de Jeremías” que escribió cuando apenas tenía 18 años en su pequeño pueblo de Buseto. En aquel coro cantó una joven llamada Margarita Barezzi.

    Recogiendo estos recuerdos, que seguro que pasaban por su cabeza; uniéndolos al dolor y a la amargura de las perdidas; sumando a ellos la rabia por el maltrato del público de Milán; añadiendo el sentimiento de indefensión y vulnerabilidad de su situación económica, así como a la situación social que se vivía entonces en Italia. Hay que recordar que cuando nace Verdi su país es invadido por las tropas de Napoleon (Nabucco?) y que, cuando los franceses son expulsados son los austríacos los que toman el mando de la región de Parma donde vive y crece el pequeño Guiusepe.
    Con todo ello, Verdi, no necesita pensar qué sienten los Hebreos para crear su música. Él sabe lo que sienten. Y, cuando yo me meto en su piel y escucho ésta obra no puedo dejar de llorar. El dolor, la esperanza, la rabia, el miedo, el vacío, la pequeñez del ser humano, Dios… Dejan de ser palabras huecas y cobran sentido en mi corazón. Me hace saber lo que son porque me las hace sentir.


  7. Yogui me ha conmovido en su último mensaje…así que debo vencer mi timidez y animarme a escribir algunas de mis reflexiones sobre Nabucco: Nunca había visto esta ópera, y el primer sabor que me dejó fue agridulce.
    Me quedé impresionada por la voz y la interpretación de Maria Guleghina (Abigail), creo que gracias a ésta podemos apreciar más y mejor todos los matices del personaje; ya analizamos/identificamos con Paco el sentimiento de ira que la embarga, es la “malvada” del cuento; pero yo me quedo con el desgarrador final: al morir, sus últimas palabras no son de odio (por ejemplo: “malditos, me muero y no he conseguido mi venganza”), sino que se da cuenta y pide perdón: “¡Que baje sobre mi (…)tu perdón! (…)¡ahora encuentro justo castigo!(…) ¡Dios ayuda al afligido! (…). Es verdad que muere sola, como consecuencia de sus actos, pero eso no importa, al final, ve la luz/grandeza, y no muere consumida en su ira>rencor/odio. Para mi es lo más relevante, porque de todos los personajes, Abigail es, a mi entender, la que más en las sombras se encuentra, la que tiene la venda en los ojos (y en el corazón), la que más difícilmente podría ver la luz, pero al final ¡lo consigue!. Y esto es esperanzador, para alguien como yo, que aún estoy muy a oscuras y tanto me cuesta sentir e identificar.
    Con respecto al coro de los esclavos…, cuando vi la escena, me quedé con esa sensación agridulce que comentaba antes, por el contraste dolor-esperanza; pero en días posteriores, después de haber escuchado el coro, varias veces, la sensación que queda es dulce, es esa ESPERANZA (¡Dios ayuda al afligido!). Por muy grande que sea el dolor, el vacío, el miedo…
    Me resulta casi imposible de imaginar como alguien como Verdi, después de una situación que a cualquiera le habría sumido en la desesperación, pueda componer esa música llena de esperanza/confianza en ese “Va pensiero”. Supongo que su grandeza está ahí.
    Un abrazo
    PD: Gracias Yogui por compartirte con nosotr@s. Y ánimo a l@s compañer@s del supermercado ¡a escribir!


  8. El rey Nabuccodonosor esta lleno de furia, sentimiento parecido al de Abigail pero mucho más violento. Arremete sin piedad contra aquellos contrarios a sus creencias o deseos. Quiere ser él quien controle todo, y que no haya nadie superior a su persona.
    Al escuharle, me dió la sensación de que su sentimiento procede del miedo de sentirse el único responsable de sí mismo. La dificultad que encuentra en ocuparse de su interor parece calmarla intentando controlar lo que está a su alrededor, enfocando el trabajo y la energía que debería destinar a su propio cuidado al dominio de los otros.
    Su furia le hace arrogante e irrespetuoso. Consigue que la gente le tema y le desprecie, y que los únicos que permanecen a su lado lo hagan por miedo o por simple interés, impidiéndole tener relaciones constructivas con otras personas. Le ciega y le aparta de la realidad, hasta tal punto que le conduce a la locura.


  9. Nunca había visto esta ópera, y el primer sabor que me dejó fue agridulce.
    Me quedé impresionada por la voz y la interpretación de Maria Guleghina (Abigail), creo que gracias a ésta podemos apreciar más y mejor todos los matices del personaje; ya analizamos/identificamos con Paco el sentimiento de ira que la embarga, es la “malvada” del cuento; pero yo me quedo con el desgarrador final: al morir, sus últimas palabras no son de odio, sino que se da cuenta y pide perdón: “¡Que baje sobre mi (…)tu perdón! (…)¡ahora encuentro justo castigo!(…) ¡Dios ayuda al afligido! (…). Es verdad que muere sola, como consecuencia de sus actos, pero eso creo que no importa, al final, ve la luz/grandeza, y no muere consumida en su ira>rencor/odio. Para mi es lo más relevante, porque de todos los personajes, Abigail es, a mi entender, la que más en las sombras se encuentra, la que tiene la venda en los ojos (y en el corazón), la que más difícilmente podría ver la luz, pero al final ¡lo consigue!. Y esto es esperanzador, para alguien como yo, que aún estoy muy a oscuras, y tanto me cuesta sentir e identificar.
    Con respecto al coro de los esclavos…, cuando vi la escena, me quedé con esa sensación agridulce que comentaba antes, por el contraste dolor-esperanza; pero en días posteriores, después de haber escuchado al coro, varias veces, la sensación que me queda es dulce, es esa ESPERANZA (¡Dios ayuda al afligido!). Por muy grande que sea el dolor, el vacío, el miedo…


  10. El personaje de Ismael en la obra de Verdi sigue fielmente sus sentimientos.
    Tan seguro está respecto el amor que experimenta hacía Fenena que:
    -rechaza a Abigail: es franco y le indica que no puede unirse a ella cuando realmente ama a su hermana.
    -intenta ayudar a Fenena en dos ocasiones. La primera vez, correspondiendo al coraje que previamente había demostrado Fenena al salvarle (intenta liberarla cuando les sorprende Abigail). La segunda cuando impide su muerte a pesar de que supone el desastre para su pueblo y que a partir de entonces será considerado un traidor.
    Hay un pasaje de la obra, que me impresionó: el encuentro de Ismael con los levitas implorando piedad, instándoles a que sean benevolentes en su censura.
    El rechazo y la reprobación de los suyos hacen que se encuentre en una situación de pavor, llegando incluso a implorar la muerte.
    El miedo que antes no surgió vence a la sensatez, poniendo a este personaje al borde de la locura, tal como él mismo indica.
    La escenificación ayuda a reflejar los sentimientos de todos en ese momento de manera magistral, ya que el grupo de levitas se cierne hacia él y erigiéndose en jueces le señalan con el dedo (para ellos, claro culpable de su desgracia), mientras le recuerdan que es un maldito.
    Y esto, ahora que sabemos las circunstancias dolorosas vividas por Verdi me hace pensar que la situación de Ismael (el amor le lleva al miedo y a la desaprobación de su pueblo) podría reflejar la situación del compositor: el dolor por la pérdida de los seres que ama le pone en una tesitura que comprensiblemente pudo conducir al fracaso de la obra, para más inri, cómica que preparaba y como consecuencia al abucheo del público, indiferentes a todo lo demás que no sea la crítica respecto la obra.
    Por tanto, creo que en ese aspecto existe una similitud: Ismael/Verdi y Levitas/público.


  11. Nabucco

    En algún momento de nuestras vidas hemos podido experimentar lo mismo que pudo sentir Verdi en 1842 cuando compuso el Nabucco. Un mal año, la pérdida de un ser querido, el fracaso, la traición, la soledad… Son momentos llenos de frustración, rabia, dolor, angustia, impotencia.
    A veces me pregunto qué es lo que en momentos como estos nos impulsa a seguir adelante, que fuerza nos infunde el valor suficiente para avanzar.
    Verdi tenía su música, a través de ella se expresaba y ella necesitaba de su pasión para existir. Hay TE, ese hilo conductor que lo conecta todo. La capacidad de expresar y experimentar.
    Hoy me doy cuenta de la importancia de escuchar y trabajar con mis sentimientos, ya que aparecen heridas sin cerrar que me siguen proporcionando dolor.

    Rosa.


  12. FENENA

    En esta opera Verdi elige el personaje de Fenena para simbolizar el amor.
    Es en este personaje que confluyen, por una parte el amor que siente Fenena por un hebreo, Ismael, y por otro, el amor que siente por su padre y por su pueblo y sus dioses.
    Es un amor que implica lucha: se siente dividida al enamorarse de un enemigo de su pueblo. Esta mujer entra en conflicto consigo misma.: tiene que traicionar a los suyos y se siente confusa, pues no ve con claridad donde se halla la verdad.
    Solamente cuando consigue descubrir la verdad en si misma, una verdad que esta por encima de todo lo que le rodea, es cuando se rinde al amor de Ismael con todo lo que conlleva esta rendición de adaptación de su nueva vida y de influencia en su entorno. Sobre todo en su padre, que también se ve envuelto en este triunfo del amor de su hija y se produce en él una transformación, como hombre y como rey.


  13. NABUCODONOSOR
    Creo que el sentimiento que predomina en el rey es el MIEDO; al principio pensé que quizá era la ira (como en Abigail), y que quizá pudiera provenir de la ambición, del deseo de poseerlo todo. Pero la arrogancia y el orgullo, y sobre todo la soberbia que le lleva incluso a llamarse a sí mismo Dios (Dios=poderoso), me hizo dudar.
    Busca la gloria, el triunfo… quizá consciente de su propia debilidad, de que es un pequeño ser humano, finito y limitado -como los demás- busca el sentido de su vida en el “tener” (cosas y personas), no en el “ser”.


  14. CORO DE ESCLAVOS

    Cantan unidos, les unen los sentimientos que comparten: la añoranza de su tierra, el recuerdo de tiempos mejores la falta de libertad, la incertidumbre, el miedo por su futuro….Su momento presente no es fácil, sin embargo su cántico es sereno, es de aceptación, sin reproches ni escenas gandilocuentes, han encontrado el equilibrio,se sienten respaldados, protegidos por su Dios,por su fe por la fuerza del grupo, nos muestran el camino de la esperanza y de la serenidad.


  15. El sentimiento del Rey es de una soberbia de dominio sobre todo al pueblo y los dioses al proclamarse a sí mismo como dios.


  16. Ismael, general hebreo,
    creo que el sentimiento que lo define es el valor, el cual surge de que cree en lo que hace y sus motivaciones están basadas en la honradez y el amor, aún por encima del perjuicio que sus actos puedan acarrearle a él mismo. La consecuencia de esta ecuación en cualquier caso es la grandeza.


  17. Sin duda alguna, el libreto del Nabucco tuvo que caer en las manos de Verdi. Es como si el destino hubiera elegido a éste compositor para dar sentido a la obra. En sus manos llegó a ser algo impresionante. A mi, me parece increible el coro de los esclavos hebreos en el exilio. Cuando Verdi compuso esta obra, su corazón también estaba exiliado. Habia dolor en su corazón y eso se manifiesta en este aria. Hay dolor, pero a la vez muestra una gran esperanza, tanto en su vida como en su obra. ¡Viva Verdi!
    Marta


  18. Fenena
    La hija legítima que quizá por eso es la menos combativa de toda la ópera. También puede ser que le baste con sentir AMOR( por un hombre, por un pueblo, por su nuevo Dios…). En ella veo aceptación, no resistencia en todo momento.
    Lo que aparentemente parece sosura es algo más profundo; quizá convencimento de que todo se resolviese favorablemente, cuando nadie lo esperaba.
    La conversión que experimenta hace que se sienta más unida a los esclavos aunque su condición sea otra.
    El hecho de no saber nada de la madre durante toda la obra, también habrá influido en su caracter.


  19. ES PERFECTA ESTA PAGINA BESOS



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